Fidel Castro: leyenda viva

Este 25 de noviembre se cumplió el segundo aniversario del fallecimiento del líder histórico de la Revolución cubana. Mucho tiempo atrás había pensado en su propia muerte.

No hay en estas estampas estridencias ni fanatismo altisonante, es el dolor de más de cinco millones de cubanos que lo despidieron desde los bordes de la urna funeraria dándole forma a eso que su pueblo bautizó llanamente como «el fidelismo»

Acaso por analítico empedernido que era o porque tantos años andando al filo de la vida le habían hecho sopesarlo todo premeditadamente. Si la leyenda se tradujera en dar confianza a un pueblo en momentos en que necesita ardor y seguridad para asumir una situación nueva y peligrosa, Fidel seguirá siendo, sin el menor reparo, el héroe legendario que nos enseñó a enfrentar cada día el bloqueo impuesto por Estados Unidos o las amenazas de un período de transición que la camarilla del presidente norteamericano se empeña en anunciar al mundo para derrocar la Revolución cubana; pero además el patriarca capaz de promover en el ánimo de su pueblo el interés por el ahorro de energía con el mismo fervor que lo convoca a entregar hasta la última gota de sangre por la dignidad conquistada.

Fidel no ha muerto como pretendían todos estos años sus adversarios. Ha sido solo un viaje, otro. Por más hermética que luzca esa roca nadie duda que allí hay un halo de eternidad.

Llegan de todos los credos y todas las razas. Universal como era, no podría ser diferente. Cierto misticismo habita también en aquella piedra de dimensiones exuberantes; dicen que hace un tiempo hasta una pareja de palomas se posa diariamente en las cercanías del sepulcro y, aunque de día levantan vuelo, siempre regresan al atardecer.

Hasta siempre Fidel. Foto: Ladirene Pérez.

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