Protesta de Jarao: El Baraguá de Sancti Spíritus

Opuesto radicalmente al Pacto del Zanjón, el general villareño José Ramón Leocadio Bonachea Hernández protagonizó hace 140 años en Jarao, Sancti Spíritus, una protesta émula de la de Antonio Maceo en Baraguá

Pese a sus pocos recursos, Bonachea y sus hombres propinaron a los españoles no pocos reveses. (Grabado de La Ilustración Ibérica, 1897)

Pese a sus pocos recursos, Bonachea y sus hombres propinaron a los españoles no pocos reveses. (Grabado de La Ilustración Ibérica, 1897)

Por PASTOR GUZMÁN

En la historia, como en la vida, todo acontecimiento complejo tiene como regla antecedentes y condicionantes que lo hacen posible; por ejemplo, se puede afirmar que el execrable Pacto del Zanjón fue la causa directa de la gloriosa Protesta de Baraguá, protagonizada por Antonio Maceo en aquellos legendarios mangos el 15 de marzo de 1878, como también lo fue de la Protesta de Jarao, a cargo del mambí villareño José Ramón Leocadio Bonachea, el 15 de abril de 1879, en tierra espirituana. 

Decíamos antecedentes con toda propiedad porque el acto infame de la firma del pacto por el llamado Comité del Centro, formado a partir de la autodisolución de la Cámara de Representantes de la República de Cuba en Armas, fue una decisión unilateral no consultada con la mayoría de la alta oficialidad insurrecta, menos con el pueblo, adoptada por las mismas personas que dieron el golpe de estado proaldamista al presidente Carlos Manuel de Céspedes a finales de 1873 en Bijagual de Jiguaní. 

Y estos fueron los mismos —con pocas excepciones— que luego encabezaron el Partido Autonomista que sirvió a España de pantalla para mantener su dominio omnímodo sobre Cuba, todavía por muchos años.

De otro lado, vienen a la mente nombres como el de Máximo Gómez, quien se oponía al pacto, pero se abstuvo por su condición de extranjero; pero también Maceo, Bonachea, Serafín Sánchez y muchos otros.

Lo que sí quedó claro —y así lo demostró la historia— es que el daño a la Revolución iniciado en Bijagual fue grave y acumulativo al punto de frustrar irreparablemente una guerra que pudo resultar victoriosa y que se perdió por la falta de unidad de los cubanos. 

PATRIÓTICA REACCIÓN DE BONACHEA

Como se fue conociendo después, en los días del pacto zanjonero, mientras unas tropas con íntegros jefes combatían duramente contra los soldados colonialistas y les propinaban sonados reveses, otros permitían la entrada en sus campamentos de emisarios enviados por las autoridades españolas, por órdenes expresas del general Arsenio Martínez Campos, conocido luego con el mote de Pacificador de Cuba. 

En el caso de Bonachea, este se encontraba en la zona de Morón, para asistir al nacimiento de Leocadia, su segunda hija. Su reacción ante esa mala nueva fue inicialmente de estupor y luego, de rechazo tajante. Sin pérdida de tiempo, el entonces teniente coronel regresa junto a su tropa y envía mensajes a oficiales y combatientes —capitulados o no— para que lo siguieran en su esfuerzo desesperado por oponerse a la paz sin independencia y sin abolición de la esclavitud derivada del Zanjón.

En un plazo sumamente breve, el mambí inicia operaciones ofensivas contra las fuerzas peninsulares y bate a una tropa del Batallón Alfonso XII. Con posterioridad toma Morón, pasa por Ciego de Ávila y sigue hasta Sancti Spíritus, donde asalta la hacienda El Rubio y ocupa allí armas y bagajes. En rápida sucesión derrota al batallón Simancas; a continuación, vence de forma contundente a los españoles en Cabeza del Negro y entabla combate cerca de Sancti Spíritus con el coronel Machín, quien muere en la acción junto a gran número de sus soldados.

En este punto de los acontecimientos, los intereses coligados de españoles y hacendados criollos, deseosos estos últimos de que España cumpliera lo prometido en El Zanjón, conducen a la concertación de una entrevista en el ingenio San Agustín, zona remediana de Zulueta, con un oficial ibérico, en la cual se le hacen a Bonachea propuestas para el cese de la lucha, incluidos incentivos económicos, pero él no las acepta.

 Los continuos golpes tácticos de la pequeña tropa insurrecta provocan la alarma en Martínez Campos, que sale para Las Villas al frente de un numeroso contingente. La concentración de tropas hispanas en la zona de operaciones obliga a Bonachea a replegarse hacia Morón.

FACTORES POLÍTICOS Y MILITARES

El accionar de Ramón Leocadio y su pequeña fuerzaconsu desempeño obligado de guerrilla en la zona central ha traspasado las fronteras de la isla y llegado a Estados Unidos, donde el general Calixto García, quien había asumido en septiembre de 1878 la jefatura del Comité Revolucionario Cubano en el exilio, le escribe al patriota el 14 de septiembre una carta en que elogia su gesto, lo exhorta a combatir hasta la muerte y le da esperanzas.

Ya el día 10 había firmado el diploma de ascenso de Bonachea a general de brigada, pero esta correspondencia no le llega, pues queda en las manos de Ángel Mestre, presidente del Club Revolucionario de La Habana y uno de los jefes del levantamiento que se preparaba, quien veía en aquel un estorbo para sus planes, ya que mantenía la zona central en estado de guerra sin constituir una amenaza creíble para el poder de España en Cuba.

Mestre y Serafín Sánchez —quien entiende iguales razones, decepcionado por el poco espíritu guerrero que observa entre los cubanos— redoblan gestiones ante Ramón Leocadio para que cese aquel esfuerzo tan heroico como inútil, que terminaría de un momento a otro con la muerte del bravo brigadier a manos de un asesino a sueldo pagado por la metrópoli y también, posiblemente, por cubanos traidores.

GRANDEZA EN HORNOS DE CAL

Según recoge la historia, las presiones de Serafín Sánchez y otros probados incitan al patriota villaclareño de apenas 34 años a acogerse a las propuestas españolas de indulto si se iba al exterior.

Por acuerdo de ambas partes, Bonachea y los suyos de un lado, y los españoles de otro, se concertó una cita para el 15 de abril de 1879 en Hornos de Cal, Jarao, Sancti Spíritus, en la cual públicamente el rebelde mambí suscribió ela histórica Acta donde hizo constar, entre otros conceptos, lo siguiente:

 “De ninguna manera he capitulado con el Gobierno español ni con sus autoridades ni agentes, ni me he acogido al convenio celebrado en el Zanjón, ni con esto me hallo conforme bajo ningún concepto”.

   Y, como prueba de su victoria moral, España tuvo que ponerle un edecán y alfombra de honor al héroe y facilitarle un barco de guerra, el Don Juan de Austria, para que saliera desde Tunas de Zaza hacia Jamaica con su esposa, hijas y algunos de sus compañeros de epopeya.

De su valía moral y heroicidad dejó constancia José Martí cuando expresó de Bonachea: “El hombre de Hornos de Cal no tiene igual entre los que protestaron de la paz —del Zanjón—. Con menos recursos que Maceo, menos prestigio, menos ascendiente, persistió por más tiempo en un gesto supremo y no arrojó nunca un ápice de sombra sobre aquella figura que no cede ni ante la hazaña estupenda de Baraguá”.

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