La iniciación de Sancti Spíritus

El nacimiento de esta provincia estuvo marcado por dilemas y regocijos, según Joaquín Bernal Camero, quien encabezó la dirección del Partido hace 30 años

Joaquín Bernal junto al Comandante en Jefe en uno de sus recorridos por la provincia. Foto: Archivo
Joaquín Bernal junto al Comandante en Jefe en uno de sus recorridos por la provincia. Foto: Archivo

Pudo suceder en Los Negros, allá por Jatibonico, o en Cartaya, Taguasco. La caña, alta; la hierba, a tres trozos. La guataca pesa toneladas. Cuando el hombre, movilizado de ocasión, vio que el surco topaba con el horizonte, soltó su voz: “Aquí el que hace falta que se pegue es Joaquín”. Justo a escasos plantones, la aclaración lo congeló: “Oiga, joven, siga usted con el suyo, que yo sigo con el mío”.

Con esa credencial y a dos décadas de la vivencia, hoy tengo enfrente a Joaquín Bernal Camero, presto a este diálogo. Los 30 años de la constitución de la provincia de Sancti Spíritus, gracias a la División Política y Administrativa, sirven de pretexto para conversar con quien fuera en aquellos inicios el Primer Secretario del Partido en el territorio. Para bien, ni el Vedado capitalino -donde reside- ni el tiempo lo han despojado de su filosofía guajira, de sus enormes espejuelos y tabaco de siempre.

¿Qué desafío implicó el surgimiento de la provincia?

No era simplemente dibujar en un papel una nueva provincia. Había que integrar varios territorios, todos tenían su cultura, su idiosincrasia, sus problemas económicos, sociales… Además, se unían varios lugares que no tenían comunicación vial ni telefónica directas. Recuerdo que para las llamadas de larga distancia, estas tenían que pasar por la operadora de Santa Clara. De la comunicación vial, ni hablar, por ejemplo, no existía una comunicación directa Sancti Spíritus-Yaguajay ni Sancti Spíritus-Fomento.

Usted hizo mucho hincapié en la identidad espirituana.

No es posible que un pueblo trabaje, que materialice sus afanes con una dirección, si no está espiritualmente integrado. Se trataba de no desconocer a nadie, teníamos que mantener la identidad de cada municipio; pero, al mismo tiempo, había que crear una identidad espirituana. Trinidad era cabecera de una región, Jatibonico pertenecía a la de Ciego de Ávila, Fomento a Escambray, Yaguajay a Caibarién…

Cuando usted hoy pasa por la Carretera Central y aprecia cuánto creció la ciudad hacia la zona norte, ¿qué pensamiento lo sorprende?

Crear una capital provincial, que realmente fuera un polo de atracción del resto de los territorios, constituía un reto. La ciudad de Sancti Spíritus estaba muy atrasada, poseía una débil infraestructura de viviendas, no teníamos edificios donde ubicar las nuevas direcciones. Necesitábamos que las emisiones de radio llegaran a todo el territorio. No teníamos un periódico, algo tan fundamental para el trabajo de la provincia.

DE LA MEMORIA

De las altas y amarillentas hojas de Escambray también brota la memoria. Es el mismo periódico tibio que cada amanecer Joaquín mandaba a buscar a la imprenta. En las páginas centrales, las reflexiones del primer secretario durante la sesión de la Asamblea Provincial del Poder Popular, a mediados de 1980. A la par de reconocer el desempeño de su Comité Ejecutivo, llama a detener la anarquía en la construcción de casas en los pueblos sin respeto a un plan director y critica la tendencia de muchos de preferir levantar sus casas en Sancti Spíritus.

 En medio de la vorágine inversionista surge otra reflexión: “Si seguimos construyendo naves para todo, este pueblo parecerá un pollero, y este pueblo tiene que convertirse en una ciudad”.

Joaquín insiste en profundizar y determinar cuáles son las obras más necesarias. Abunda en torno a la controversia que ha suscitado la ejecución de la Doble Vía: “Muchas personas han dicho que esa obra no hace falta…, que no estamos para esos lujos… Tenemos que desarrollar nuestra red vial, no podemos estar haciendo caminos reales como los españoles”.

UNA MIRADA DESDE HOY

El pueblo hizo un gran esfuerzo y respondió -añade Bernal Camero a la distancia de 30 años-, no sin discrepancias, incluso entre nosotros mismos, los que estábamos en la dirección. Realmente no estamos totalmente satisfechos con todo lo que hicimos.

¿Por qué esa inconformidad?

Lo hecho no siempre se ejecutó con los niveles de calidad, de eficiencia esperados. Algunas obras quedaron mejor, otras no tan buenas. Ahí está el ejemplo de la Formadora de Maestros. Era muy importante porque respondía a la necesidad de formar profesionales en esa rama. Pero si tú ahora me preguntas: “¿se construyó con calidad?”. Fue buena en la medida que pudimos; no obstante, pudo quedar con más calidad, al igual que el Hospital Provincial. El hospital demoró mucho en construirse; casi ninguna obra que hicimos la pudimos hacer en el tiempo previsto.

Tierras, agua y personas: esos fueron los tres recursos básicos que apuntalaron la naciente provincia.

Esos eran los recursos que teníamos a la luz de las condiciones en aquel entonces, y el más importante, el hombre. Había que capacitar, darle estudio a la población. No teníamos grandes recursos minerales; sí teníamos agua (los embalses y el mar por ambas costas) y tierras, unas buenas, otras regulares. Dimos seguimiento a la creación de las cooperativas, impulsamos el desarrollo de la producción cañero-azucarera, la del arroz en el Sur de El Jíbaro… Vivíamos momentos de goce cuando la provincia cumplía los planes de fabricación de azúcar. También recuerdo cuando se enfermó toda la caña y se sembraron miles de caballerías en un tiempo muy breve. El pueblo se afincaba.

LAS MARCAS DEL “26”

Los espirituanos todavía miramos con añoranza la sede de las conmemoraciones centrales por el 26 de Julio en 1986. ¿Esta celebración indicó la mayoría de edad de la provincia?

No sé si habíamos alcanzado la mayoría de edad; pero sí significó una etapa importante. El pueblo se entregó con una fiebre increíble a trabajar, de conjunto con los cuadros, las instituciones, los organismos. Y en el acto estuvieron presentes todos los poblados y comunidades; discutimos para que por lo menos de cada lugar viniera un camión con personal si estaba dispuesto a hacerlo. Hubo quienes vinieron por primera vez en su vida a Sancti Spíritus en esa ocasión.

Al ver ya a Fidel en el podio, no recuerdo en qué pensé en ese instante, no me gusta ser folclórico. Sí te puedo decir que estaba muy tenso, yo era el principal responsable del acto que se estaba transmitiendo por las ondas nacionales e internacionales; sin embargo, tenía confianza. Antes Fidel tuvo una larga entrevista conmigo y me satisfizo que muchas de las cosas sobre las cuales hablamos las dijo en su discurso.

Algunos pensaron que ese acto se lo regalaron a Sancti Spíritus…

Hoy esa gente tiene que haberse dado cuenta de que no fue así. Esa celebración se la ganó esta provincia con sus resultados; además, la dirección del país no ha estado regalándole nunca actos a nadie.

DE VIRTUDES Y DEFECTOS

¿A usted le obsesionaba la puntualidad?     

Uno tiene cualidades que puede cultivar y una de ellas es la puntualidad. Si tú estás haciendo un análisis con equis cantidad de compañeros sobre un asunto y todos no llegan a tiempo, uno se pierde en el análisis y otros, además, no reciben el aporte de los que puedan llegar.

¿Qué defectos tenía usted?

Hubiese necesitado tener más conciencia de la importancia de prepararme, de capacitarme más para la función que ejercía. Mi trato, también, en algunas ocasiones, fue un poco brusco y no estuvo a la altura de la reflexión que tiene que tener en su actuar un dirigente.

GRATITUD

Diez de noviembre de 2006. Sesión Solemne de la Asamblea Provincial del Poder Popular. Los espirituanos declaran como Hijo Ilustre a Joaquín Bernal; el mismo que creció entre chinchales y tabaquerías en Cabaiguán, el mismo que con apenas 36 años empezó a dirigir los destinos de Sancti Spíritus.

Hasta que estuve aquí (1987) hice lo que pensaba que debía hacer. A partir de allí me enviaron a cumplir otras responsabilidades. En estos momentos soy coordinador general del Congreso Permanente de la Unidad Sindical de los Trabajadores de América Latina. Respeto mucho lo que se ha hecho después en el territorio. Concederme esa condición de Hijo Ilustre fue una generosidad y un compromiso muy grandes. Vivo orgulloso de haber estado aquí, de haberme mantenido atento y vinculado a nuestra provincia.

Por Enrique Ojito Linares. Publicado en Escambray, 24 de julio del 2016

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *