Municipio de Sancti Spíritus

Situado en la porción centro sur de la provincia, limita al norte con los municipios de Jatibonico, Taguasco, Cabaiguán y Fomento; al este con Jatibonico y La Sierpe; el mar Caribe al sur y al oeste con los municipios de Trinidad y Fomento.

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Datos generales (Fuente ONE)

Superficie total: 1 142,20 km²
Cayos adyacentes: 0,37 km²
Población residente: 141 970 habitantes
Densidad población: 124.2 hab/km²
Cabecera municipal: Sancti Spíritus
Gentilicio: Espirituano / Espirituana

Límites geográficos
Norte: Municipios de Jatibonico, Taguasco, Cabaiguán y Fomento
Sur: Mar Caribe
Este: Jatibonico y La Sierpe
Oeste: Municipios de Fomento y Trinidad

El origen de la ciudad de Sancti Spíritus, cabecera del municipio, se remonta al siglo XVI, de donde persisten plazas típicas, calles tortuosas y edificios domésticos civiles y religiosos que dan fe del quehacer de la arquitectura de varias centurias.

En fecha tan cercana como 1521, sus residentes mostraron su espíritu rebelde, al rechazar la imposición de un regidor y eligieron libremente a un vecino del lugar.

Pocas semanas después de aquella iniciación, los pobladores del asentamiento quedaron sorprendidos cuando en su iglesia Fray Bartolomé de Las Casas, pronunció su sermón del arrepentimiento, que criticaba el actuar de los colonizadores para con los nativos, y llamaba a humanizar su trato.

Como añeja villa, se entretejen las leyendas y tradiciones, entre ellas sobresale que su emblemático puente sobre el río Yayabo, se construyó con una mezcla que contenía leche bovina, con tal fortaleza que aún soporta el tránsito de vehículos hacia el sur.

También se dice que en sus predios nació la guayabera, la prenda de vestir nacional, y entre sus tradiciones guardan con amor las tonadas, el punto yayabero, los populares pasacalles y la música trovadoresca.

Su centro histórico, la Iglesia Parroquial Mayor y el puente sobre el río Yayabo, constituyen majestuosos monumentos nacionales y se muestran como fieles exponentes de la arquitectura colonial.

Ya en el siglo XVII su economía despegó gracias a las fértiles tierras y la ciudad creció limpia y tranquila, cualidades que mantiene en estos nuevos tiempos de capital de la actual provincia del mismo nombre.

La principal altura del municipio es la Loma de Banao con una altura absoluta de 842 metros sobre el nivel del mar, en el punto culminante. Su principal río que vierte en la cuenca sur es el Zaza con 155 km de longitud dentro del municipio.

En los mil 142 kilómetros cuadrados del municipio, donde viven algo más de 141 mil personas, se levantan escuelas, centros asistenciales, una zona moderna de viviendas e industrias, esencialmente de las ramas alimentarias y de la construcción, mientras que sus campos producen alimentos.

Entre las construcciones más antiguas de la ciudad también se conserva con amor, la casa natal del Mayor General Serafín Sánchez, quien participó en las tres gestas independentistas, y fue factor esencial en la unidad de los viejos mambises con José Martí, para organizar la guerra necesaria.

Durante la república mediatizada, los espirituanos mantuvieron su espíritu rebelde, batallando por demandas económicas y políticas, que alcanzaron mayor organización con la creación a finales de 1930 de la primera célula del Partido Comunista de Cuba.

La lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista (1952-58) contó con fuertes grupos del Movimiento 26 de Julio y del Directorio Revolucionario 13 de Marzo, que organizaron guerrillas en las montañas del Escambray, donde concluyó la guerra de liberación el comandante Ernesto Guevara.

El 23 de diciembre de 1958, las calles de la añeja villa sintieron el paso libertario de los rebeldes, que como parte de la ofensiva villareña la ocupaban para contribuir a la victoria definitiva. Unos días después en la madrugada del seis de enero, Fidel le hablaba por primera vez a los espirituanos, en un discurso donde reconocía el aporte de éstos a la gesta liberadora y alertaba que tal vez comenzaba la etapa más difícil. En otras cuatro ocasiones, el 26 de julio de 1986, el 6 de mayo de 1989, el 28 de septiembre de 1996 y el 25 de mayo del 2002, el Jefe de la Revolución compartió en masivas concentraciones con el pueblo, reafirmándose el mismo fervor y fidelidad de la primera vez.

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