Lo que no es coyuntural

Trasciende al actual desabastecimiento de combustible, que sigue siendo circunstancial, la entereza y el trabajo de un pueblo que se resiste al ahogo.

En Cuba hay un Gobierno que exige sensibilidad y convoca a Pensar Como País. Ilustración: Martirena

Más allá de un barco de combustible que no llega, del empecinamiento de un gobierno hostil por ahogar la economía de otro o de la escasez que obliga a apretar cinturones, hay un país que se resiste, que no se detiene, que intenta hacer “magia” con lo poco y sacar a flote el más valioso de todos sus tesoros: la entereza de un pueblo.

Lo que no es coyuntural en esta situación – que ya sabemos obedece a la manía de la administración norteamericana de actuar como legítima pirata del Caribe – es la solidaridad entre los cubanos, la valentía de no rendirse aun en las peores circunstancias, la certeza de que hay cuestiones que son sagradas, con o sin combustible.

Lo que no es pasajero es un Gobierno que se empeña; que a capa y espada defiende a su gente y hace lo indecible para que las afectaciones sean menores; que sale al paso, que da la cara; que informa sin temor sobre la situación, que será difícil pero hay una estrategia para sortearla; un Gobierno que exige sensibilidad y convoca a Pensar Como País.

Sin embargo, en medio de un momento complicado, han salido a la luz reservas que el acomodamiento había engavetado. De repente, y ante un zapato que ajusta, se vuelve a hablar de ahorro, de usar eficientemente lo que se tiene, de ser sensibles antes los problemas del otro, de austeridad, de resolver las dificultades entre todos; cuestiones que no son, ni por asomo, coyunturales, porque debían ser parte inseparable de la agenda de una nación como Cuba.

 Ahora que el combustible no llega en la frecuencia y cantidad que se necesita, regresan a la palestra pública cosas que se hicieron en años muchos más difícil, dieron resultados y volvieron al papel cuando “la tensión aflojó”. Se vuelve a poner en práctica, por ejemplo, la tracción animal en actividades que lo ameritan. ¿Quién no recuerda cuando los pueblos, incluso algunas ciudades, se mantenían limpias porque a cada rato pasaba el carretón de caballo que iba recogiendo las bolsas de basura?

¿En qué momento dejó de ser una exigencia que el camión que llevara productos a determinado lugar no podía regresar vacío a su origen? ¿Cuándo se fueron de las paradas de ómnibus aquellas personas – si mal no recuerdo vestidas de amarillo – que exigían a los carros estatales detenerse y montar a quienes esperaban largamente una guagua? ¿Por qué se volvió habitual que los beneficiados con un vehículo del Estado se sintieran dueños y miraran a un lado la agonía de otros por llegar a sus hogares o centros de trabajo?

Hace dos días en una reunión que encabezó el Presidente Díaz-Canel en Matanzas, donde se chequearon las medidas para enfrentar el desabastecimiento de combustible, se hablaba de determinado lugar, muy intrincado, al que había que llevarle de manera asidua el gas para cocinar, lo que suponía un gasto considerable de diésel. Otra pregunta se impuso entonces: ¿cuándo dejó de usarse el carbón o la leña en el campo para cocinar los alimentos? Que – bromeaba el Jefe de Estado – incluso quedan más rico.

Esta situación ha sido como un electrodo, apuntaba Díaz-Canel, y no nos dejará más que beneficios, porque se ha vuelto a trabajar con energía, porque el país se ha trazado una estrategia, porque se ha sacudido el acomodamiento, porque se ha planificado qué hacer en el peor de los escenarios y porque se han desempolvado cosas que nos permitieron salir a flote una vez, cuando pocos apostaban porque sucediera.

Cuando nuevamente se pone de moda la sensibilidad y se llenan las redes sociales de choferes que salvan las mañanas y también las tardes; cuando un Consejo de Ministros se reúne para definir con lo que poco que se tiene qué es lo hay que salvar; o cuando el Presidente cambia su agenda de trabajo para tocar con la mano lo que pasa en cada rincón de Cuba porque el combustible no llega; entonces la situación económica que es coyuntural saca las esencias de un país, como la ola que llega a la arena y de vuelta descubre al caracol escondido. Esa es Cuba y sus cosas no coyunturales.

LETICIA MARTÍNEZ HERNÁNDEZ / CUBAHORA



Lo que no es coyuntural

Trasciende al actual desabastecimiento de combustible, que sigue siendo circunstancial, la entereza y el trabajo de un pueblo que se resiste al ahogo.»